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miércoles, 18 de marzo de 2015

Piernas al desnudo

El otro día, bueno de esto hace ya bastante, les hablé de la agradable noche pasada con Weegee (ya saben: Arthur Fellig) en el estreno del film The Naked City (La ciudad desnuda), cuyo título se corresponde con el del primer libro de fotografías publicado por Weegge. El filme, además del título, está inspirado en las fotografías hechas por Weegee de la vida cotidiana en New York, recogidas en su Naked City. Después de acudir al estreno fuimos al 3 Deùces -ya saben, en la 52- donde acabamos la noche hablando de todo un poco; esto es, de nuestras vidas, es decir, de nuestros problemas.

Pues bien, hoy soy yo el que ha visitado a Weegee en Los Ángeles. He ido a verle al Knickerbocker Hotel, donde se hospeda con mi último libro Piernas al desnudo, debajo del brazo.
Como Naked City, Piernas al desnudo es un libro en el que he intentado -con mejor o peor suerte- poner texto a una amplia selección de fotos de Arthur. En total son treinta y cinco imágenes de distinta naturalezas, pero todas hechas por él en diferentes años. Me hubiera gustado incluir algunas imágenes más, pero lo cierto es que, aún diciéndome mucho, me sentía incapaz de proyectarlas en el papel, todo pese a que una de esas imágenes me tiene obsesionado desde la primera vez que la vi, es una mujer y su nombre es Eddie.Cuando se lo cuento a Vlady, antes lo hacía a Maxine, se ríe de mí: "¡tonto!", me dice.

Weegee se muestra encantado con mi regalo. Pasamos una tarde hojeándolo página a página donde yo le iba explicando lo que cada imagen me había ido sugiriendo o contando, o más exactamente 'revelando'.

Me quede en los Ángeles cinco días, hospedado en el mismo hotel que Arthur. Al segundo día fuimos a Hollywood donde conocí a algunos amigos de Weegee y de paso saludé a los que yo había conocido cuando trabajé en la Universal en el guión de El caballero silencioso. Me encontré con  Natalie, la protagonistas del filme y mi viejo amigo de instituto, Lester, y empleado de la productora. Hace tiempo les hablé del argumento (peregrino) de El caballero silencioso supongo que se acuerdan.

Weegee en compañía de su chica actual me llevó a algunos clubes famosos de jazz. En uno de ello escuche a un tipo del que había oído hablar mucho y bien, pero al cual no conocía. Era Nat King Cole y su grupo. Hicieron una interpretación fantástica de Route 66, como también de Better to be By Yourself, aunque prefiero la primera, sin duda. 

De nuevo en New York, Vlady y yo hemos decidido darnos un descanso esta noche y no pasarnos por el 3 Deùces. Ella está ansiosa por abrazarme y yo loco por hacerla el amor. Esta noche nos tomaremos los bourbon en la cama, y sustituiremos al 3 Deuces por el gramófono.

jueves, 5 de marzo de 2015

Todo sigue igual aunque nada es igual

Han pasado ya dos años desde que perdí a Maxine. La asesinaron dos hijos de puta por cincuenta cochinos dólares, en realidad porque en ese momento no había más que esos dólares en la caja de la lavandería de mi chica. 
Poco a poco, Olivia y yo hemos logrado rehacer nuestras vidas. En ello han colaborado nuestros buenos amigos, los mismos que se preocuparon de nosotros desde el primer momento.

Olivia acaba de cumplir  18 años, y dentro de nada comenzará en la Universidad. Es una mujer tímida y retraida; no le gusta mucho salir, aunque tiene amigas, prefiere estar en casa conmigo. Juntos vamos algunos días al cine o a ver un musical en Broadway. Es igual que su madre, de una belleza arrebatadora, y su cuerpo, perfectamente torneado, cintura estrecha, caderas insinuantes, piernas largas y tobillos estrechos, perfectas. Es imposible pasar a su lado y no admirar ese cuerpo mulato. 

Vlady y yo hemos vuelto. Ella se divorcio el pasado año. Vino a verme y fue cuando se entero de lo de Maxine. No sabía nada. Había pasado los tres últimos años primero en Los Ángeles, después en San Francisco y los últimos seis meses en New Yor.
La rubia explosiva, como yo la he llamado siempore, y a la que tanto he querido, y que tan buenos momentos hemos pasado juntos me dejo por un tipo joven, serio, educado y marchante de arte.  
Y ahora aquí estamos de nuevo, sobrellevando nuestras vidas. Vlady, me cuenta, fue feliz el primer año de matrimnio con el marchante. A partir del segundo año las cosas cambiaron: él estaba cada vez menos tiempo en casa, pasaba demasiado fuera enredado en su trabajo. Eso duró dos años, hasta que todos esos viajes, ese eterno estar fuera de casa se hizo insoportable. Cuando Vlady quiso poner remedio se encontró con que su marido tenía  un amante, un joven de apenas veinte años, alto y guapo. Durante todo ese tiempo, el cabrón del marchante se  había liado con todo joven y prometedor artista plástico que se cruzó en su camino. Vlady cogio sus cosas y se marchó de su lado. 

Ahora intenta rehacer su vida conmigo, como en su día lo hizo Maxine. Debo ser un tipo que trasnmite ternura, confianza, seguridad... De modo que las mujeres buscan en mí protección y cariño. Dos aspectos totalmente desconocidos para mí, pero no así para ellas, mucho más intuitivas e inteligentes.

Escribo esta crónica sentado en el 3 Deuce delante de mi bourbon con tres cubitos de hielo, servido por mi viejo y querdio amigo Herni, el antíguo barman del Café Society. En el escenario, esta noche está Mary Lou Williams, una buena amiga. Su Roll Em me anima a terminar esta breve crónica y a apurar mi tercer bourbon. Ya he mirado a Herni... Pronto llegará Vlady.  Esta noche la necesito más que otras veces: estrechar su cuerpo desnudo junto al mío, enterrar mi rostro entre sus piernas y saciarme de su íntima humedad... Ahí está Vlady, y Mary Lou interpreta para nosotros dos Autumn in New York.



martes, 3 de marzo de 2015

Era demasiado hermoso

Solos. Olivia y yo nos hemos quedado solos. Dos hijos de puta entraron la semana pasada en la lavandería de Maxine para robar la caja; cuando se iban la dispararon dos tiros en el pecho. Me llamó la policía para contarme lo sucedido; cuando llegué al hospital, Maxine había muerto. Todo por cincuenta cochinos dólares. Cincuenta. Olivia, su hija estaba en el instituto. Tuve que decírselo yo: "Querida, Maxine, tu mamá, ha muerto. ¡Dios!".

Esta noche estoy en el 3 Deuces con mi viejo amigo Barney. Él ha estado conmigo en todo momento, como Billie, Lester, Teddy y tantos otros. Mientras preparo mentalmente esta crónica, Barney Bigard (conocido de Maxine y mío) interpreta Wrap Your Troubles in Dreams,  una de las melodías que más le gustaban a ella y a mí. Después, Lady Day cantó Blue Moon, con Teddy Wilson al piano y Lester Young al saxo.

Ahora, la casa donde vivíamos felizmente los tres junto se nos hace  casi insoportable a Olivia y a mí. Quizá la dejemos y nos traslademos a mi apartamento, más pequeño y recogido. La lavandería la alquilaremos. Después tendremos que principiar una nueva vida. Antes, todo era demasiado hermoso. Ahora, será duro, pero nos tenemos el uno al otro, y Maxine siempre estará con nosotros. Siempre.









miércoles, 25 de diciembre de 2013

Navidad, todo igual

Maxine y yo no estamos dispuestos a cambiar nuestra diaria rutina de reunirnos con algunos amigos en el 3 Deuces a escuchar música y tomar unas copas, Maxine un par de martinis, y yo unos bourbon. Esto lo digo porque hoy es 24 de diciembre de 1947, y la gente tiende a recogerse antes de hora para reunirse con la familia. En nuestros casos, Maxine y yo, solo nos tenemos el uno al otro, y a Olivia, la hija que Maxine tuvo con el golfo de marido que estuvo a punto de arruinarla. El muy cabrón arrampló con todo el dinero y la furgoneta de reparto (Maxine tiene una tintorería en Manhattan). El dinero del banco no pudo llevárselo, ya que se lo impidió el director de la sucursal. Así pues esta noche ha venido con nosotros por primera vez Olivia, que ya tiene 13 años y es toda una mujer: una negra, como su madre, bellísima.

Al llegar al 3 Deuces me he encontrado con una agradable sorpresa. Mi querida  y admirada amiga  Mildred Bailey cantará para nosotros, quiero decir para la clientela. Acaba de pasar una larga enfermedad que la ha tenido retirada de los escenarios bastante tiempo, pero su voz, ¡ah, su voz es como una caricia seguida de un beso!

Mildred tiene una versión de Love Come Back To Me, difícil de superar: la adoro. Mi amada Billie y ella son las mejor intérpretes de I've got my love to keep me warma.

Nunca me gustaron estas festividades, y ya hace muchos años que dejé de prestarles atención: en el pasado lograron agotar mi resistencia. Eran momentos perturbadores, insufribles y artificiosos. Mildred hace una interpretación de More Than You Knox llena de sensualidad y matices.

Durante cinco años de matrimonio con mi primera esposa, la celebración de la Navidad fue una constante en su familia. Durante más de una semana me veía asediado por todas partes. Me quejaba amargamente, pero Doroty (mi mujer entonces) era inflexible: había que pasar todos esos días con sus padres, hermanos (cinco) los cuñados y los ... no recuerdo cuantos sobrinos: unos niños muy hijos de puta a los que no soportaba. Por suerte aquello se acabó. En la Navidad del 42 le dije a Doroty: Doroty, cariño, hasta aquí hemos llegado: tus padres y hermanas o yo. Ella eligió a sus padres y hermanas. Ahora pasados cinco años de aquello, la estoy agradecida.  Doroty se caso a los seis meses de divorciarse de mí. Lo hizo con su jefe, un tipo rollizo de cabeza redonda, papada colgantes ojos saltones y siempre con la camisa desabrochada y empapada en sudor. Tenía una charcutería en la que Doroty trabajaba de cajera. La verdad es que no sé que vio en este fulano, no ya para casarse con él, sino para tirárselo estando aún casada conmigo. Esto lo supe después: me lo dijo ella misma supongo que por resentimiento hacía mi. Yo la quería, pero a ella, no a toda su familia.
 
Bueno, aquello acabó y ahora tengo a Maxine. Una mujer de carácter, valiente y decidida, y al mismo tiempo cariñosa y sensible a las difíciles situaciones que muchos negros tienen que afrontar a diario. Me gusta por eso... bueno y también porque en la cama es única: trepidante, insaciable... agotadora. Yo hago lo que puedo. Debe ser suficiente porque la veo radiante, feliz.

Esta noche hemos conocido a Blosso Dearie, una joven cantante que esta comenzando, y he de decir que me ha parecido fantástica, sensacional. Su I'm Hip es hilarante. Me sorprendido la dulzura y calidez de su voz de colegiala en The Shadow of your Smile; sencillamente, genial.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Celebración

No soy amigo de organizar frecuentes y multitudinarias veladas. Prefiero la intimidad de unos pocos amigos o de un par de mujeres. Aun así me veo en la obligación, de tanto en tanto, de hacer alguna excepción. Anoche fue una de ellas.
Quedé con un numeroso grupo - al menos eso sí - de buenos amigos en el 3 Deuces para celebrar el éxito de la película El caballero silencioso, cuyo guión escribí el pasado año, y cuya película se estreno hace unos meses. Hay que hablar de éxito, de todo un acontecimiento en gran parte del país. En Manhattan las colas para ver la han sido interminables.

Conmigo estaban Maxine (mi chica) Lady Day, Lester Young, Barney, el dueño del desaparecido Cafe Society, Moe, dueño del Savoy, Vlady, la rubia explosiva a la que tanto he querido, y que tan buenos momentos hemos pasado juntos, y Tedy Wilson. De los Ángeles llegaron para pasar unos días conmigo, Natalie, la protagonistas del film, y mi amigo de instituto y empleado de la productora. Natalie había roto, según me dijo, con su amiga, ahora una famosa modelo.

No recuerdo si les he hablado del argumento (peregrino) de la película. Estuve a punto de rechazar el contrato. Pensé que se estaban burlando de mí, lo cual no me hacía gracias. Luego de unas largas conversaciones con los responsables de la productora cambie de opinión y firmé el contrato. 

Se trata de un tipo, actor famoso, que como consecuencia de una infección mal curada de garganta, se queda sin voz, es decir, mudo. Ahora, como el fulano en cuestión (el actor) es famoso, la productora no puede prescindir de él: el público enloquece con sus películas y siempre está esperando la siguientes. Así pues, ni cortos ni perezosos, se les ha ocurrido llevar su historia a la pantalla. ¿Y quién mejor que él para representar el papel de su propia historia? Nadie, claro está. 

Y ahí entro yo. Mi trabajo consistió en escribir un diálogo para mudos, un diálogo especial, es decir, muy cuidado en sus formas. Ya que el protagonista-actor no podía hablar, lo que si podía era mover los labios, por lo que resultó ser esa peculiaridad la principal novedad del film. El espectador podía entender a través de esta técnica los diálogo.

La película gira en torno a este actor-protagonista, es decir a su peripecia y sufrimiento por verse abocado a subirse en un escenario e interpretar sus papeles de galán sin poder pronunciar una simple palabra. El ambiente del film es angustioso y mantiene al público en una constante ansiedad y angustia ante las desgracias de un joven deseoso de poder llevar una vida normal en su doble faceta de persona y actor. 
Al final de la película, el protagonista es sometido a una intervención quirúrgica, casi milagrosa (de película) y logra recuperar su voz, y en ese momento aparece el rótulo de FIN.

En su momento, como ya he explicado en alguna otra ocasión, no quise preguntar por qué mierda no le operaban al principio y así nos ahorrábamos tantos quebraderos de cabeza. Además, siempre abría la posibilidad de que el protagonista contará retrospectivamente su desgracia, y cómo gracias a los avances de la cirugía ahora estaba bien y, no solo podía contar su historia, sino que hasta podía cantar si se lo proponía. Pero para qué me dije. 

De mi trabajo obtuve unos suculentos beneficios y, lo mejor de todo, una relación con una mujer sencillamente deslumbrante: Su nombre era Natalie, y era la actriz que trabajaría junto al actor mudo.

Anoche actuó en el 3 Deuces Charlie Parker. Comenzó con su famoso All the things you are, para después seguir con  Groovin' high más tarde interpretó una versión de April in Paris sensacional. Cuando después interpretó Autumn in New York. Después de esto ya perdí la cuenta. En realidad la noción: la boca grande y húmeda de Maxine presionando sobre la mía solo me dejaba pensar en el después.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Vieja historia

No sé porqué pero la otra noche - mientras esperaba a Maxine en el 3 Deuces - me vino a la memoria el relato, un percance más bien, que me contaron mientras asistía a una elegante cena y velada en el Astoria de New York.

Resultó que una actriz y cantante negra fue contratada para actuar en un hotel muy elegante,  de esos de cinco o más estrellas. Según contaba el comensal que se encontraba a mi lado, esta cantante fue la primera mujer negra en hospedarse en ese hotel. Dorothy, ese era el nombre de la cantante, decidió bajar a la piscina y darse un baño. No obstante, un encargado dirigiéndose a ella la dijo que no podía nadar allí por ser negra. Dorothy metió la punta del pie en la piscina para salpicar al encargado  y al mismo tiempo decirle que era él y la gente blanca como él la que carecía de dignidad para nadar en esa piscina. Después se marchó a su habitación. Al poco tiempo, la piscina fue desocupada y desinfectada. 

Cuando llegó Maxine le conté esa vieja historia: "Que hijos de puta", me dijo. 

Pedí a Herni, el barman, un martini para Maxine y un bourbon para mi. Luego reímos imaginando como aquellos pobres infelices se dedicaban a desinfectar la piscina  en lugar de desinfectarse ellos el alama.

No se porqué pero nos quedamos hasta las tantas pensando y comentando aquella historia oída en el Astoria. Maxine comenzó a desgranar unas notas de 'A smile of angel' mientras yo sentía el calor húmedo de su entrepierna en mi mano.

domingo, 20 de octubre de 2013

Noche con Billie

En mi entrevista con Moe Gale, el dueño del Savoy, éste me insistió, una y otra vez, en que si me comprometía a escribir el guión cinematográfico para conmemorar los veinte años del Savoy, debería dedicar una parte, no escasa, a Chick Webb y su orquesta. Moe me recordó que Webb y su banda se convirtió en la orquesta anfitriona del Savoy desde 1931 hasta su prematuro fallecimiento en 1939. Tampoco debía olvidar en el guión referirme a Ella Fitzgerald, quien se hizo cargo de la orquesta a la muerte de Webb hasta 1942. En este año Ella disolvió la banda. A diferencia del Cotton Club, esto me lo subrayó continuamente Moe, en el Savoy estaba permitido la entrada de negros, y, aseguró, debía tenerlo en cuenta.

- Acuérdate de esto. No lo olvides, - me dijo-.

Lo cierto es que yo iba poco por el Savoy. No me gustaban los sitios grandes y llenos de gente. Por eso frecuenté el Cafe Society hasta su cierre hace unos meses. No obstante conocí a Chick Webb (William Henry Webb). Su cuerpo era diminuto y deforme, padecía tuberculosis de columna vertebral. Pese a las limitaciones de su enfermedad demostró desde niño un enorme talento y fuerza sentado frente a una batería. Su forma de ejecutar los temas  resultaba abrumadora. Era muy conocido entre otras muchas cualidades por la potencia arrolladora que esgrimía en sus ejecuciones.

Anoche en el 3 Deuces actuó Artie Shaw y su orquesta. Su interpretación de St. Louis Blues me fascinó. Sin que nadie lo esperara apareció de súbito Billie, y acercándose directamente al escenario se preparó para interpretar algunas de las piezas que antaño cantó con la orquesta de Artie, allá por 1936. Todo lo que canta Billie es insuperable. Por eso es la mejor. En esta ocasión se descolgó con su versión de Any old time. Luego no sorprendería con su Summertime.
Más tarde Billie, Maxine y yo estuvimos hablando hasta casi el cierre del 3 Deuces. Con una botella de bourbon, soda y hielo que nos trabo Herni, el barman, pasamos gran parte de la noche. Al día siguiente Maxine no tenía que madrugar, y yo quería seguir abrazado a ella..


miércoles, 16 de octubre de 2013

La dalia azul


Hoy por la tarde, antes de pasarme, como cada noche,  por el 3 Deuces, fui a ver La Dalia Azul. La estrenaron el año pasado, pero entonces no pude ir a verla.

La maravillosa Veronica Lake, en el papel de Joyce le pregunta a Alan Ladd, que interpreta a Johnny Morrison: "No vas a darme siquiera las buenas noches. Y él responde:
- Esto es un adiós, y me cuesta decírtelo.
- Y por qué. No me habías visto nunca antes de esta noche - dice ella. A lo que responde Johnny
 -Todo hombre te ha visto alguna vez, en alguna parte. Lo difícil es encontrarte. Este diálogo entre dos personas que no se conocen, y une el azar, me alcanzó de lleno. Fue una sensación de embriaguez súbita, intensa. Todo el guión, escrito por  Raymond Chandler, me pareció fantástico.

En cuanto a mi entrevista con Moe Gale, el dueño del Savoy (acuérdense que en mi anterior crónica ya les dije que se lo contaría), después de tomarnos unos cuantos bourbon en su despacho (Maxine y Billie se quedaron esperándome en una mesa escuchando a Benny Godman y a Peggy Lee.

Moe Gale se mostró interesado en que yo escribiese un guión cinematográfico para producir una película acerca de lo que había sido y representado el Savoy en sus veinte años de existencia. Fue inaugurado en 1926, y por tanto ha hecho ahora los veintiún año. Parece, según me contó que ya ha hablado con los estudios Universal y las negociaciones para elegir un director parece que están muy adelantadas.

Moe pensó en mí -según me dijo- cuando vio El caballero silencioso, una película cuyo guión había escrito yo para una productora de Los Ángeles. Le dije que me parecía bien y por lo tanto dispuesto a llevar a cabo esa idea suya. Quedamos en vernos un poco más adelante para ir perfilando el proyecto.

Moe me acompañó a la mesa donde estaban esperándome Maxine y Billie, y esa noche la acabamos con un par de botellas de champagne a cargo del Savoy mientras escuchamos a Peggy Lee en su versión de Why Don't you Roght y de Where or When, pieza inolvidable. Por no hablar de la  que cerro su actuación: On the Sunny Side.

Billie se quedo con unos amigos y Maxine y yo nos fuimos, ya muy tarde, a casa: la noche es corta y el día demasiado largo.

lunes, 14 de octubre de 2013

Una noche agetreada

Esta noche en el 3 Deuces actuan dos viejo amigos: Count Basie, con su big band, y el cantante James Andrew Rushing, un tipo éste enorme y voluminoso. Rushing tiene una versión, interpretada esta noche, de I Left my baby, que...por decirlo de un modo sencillo, es inimitable, como inimitables es el Dickie's Dream de la banda. Ha sido fantástico, además hace un rato también se ha pasado por aquí Billie. Estaba especialmente hermosa. No dejaba de seguir el ritmo con todo su cuerpo y hablar con Basie. ¡Que mujer!  Luego vino a la mesa donde estábamos Maxine (que disfrutaba de lo lindo) y yo. Estuvimos bebiendo unos güisquis hasta que nos entonamos bien. Estuvimos hablando, no recuerdo de qué, pero fue durante bastante tiempo.

Tarde ya, Maxine, Billie y yo nos fuimos al Savoy. Yo había quedado con Moe Gale, el propietario, en pasarme una de estas noches por el local. Quería hablar conmigo, me dijo , para proponerme algo: un guión para no se qué aventura de las suyas. Y hoy que además de estar espléndidamente acompañado, me encuentro algo bastante alegre y animoso, he decidido pasarme por el local. Por otro lado, Bassie me ha comentado que ahora está por ahí actuando Benny Goodman y Paggy Lee. Cuando entramos sonaba Why Don't You Right interpretado por Peggy. Billie comentó que la Lee era muy buena. Y si lo es. 

Otro día les contaré mi reunión con Moe. Ahora estoy demasiado espeso y, además, Maxine me está tirando de la manga de la camisa. Tiene prisa por llevarme a la cama...

viernes, 15 de marzo de 2013

Un ágrafo frustrado

Si me preguntan por mi larga ausencia de estas crónicas desde Manhattan, podría contarles alguna larga historia; mejor o peor hilvanada aventura de mujeres, sexo, alcohol...  Esta ausencia -podría incluso decirles - se ha debido a un largo viaje por Europa (Roma, París, Madrid, Londres...) en compañía de Maxine para presentar mi último libro (La paz que nos trastornó) y dar varias conferencias. Pero nada de todo esto ha ocurrido. El motivo real ha sido mi inapetencia por escribir.

Durante todo este tiempo, no obstante, he permanecido fiel a mi condición de noctámbulo, y no he dejado ni una sola noche de acudir a mi cita con el 3 Deuces.


Tengo que confesarles que esa inapetencia por escribir quizá se haya debido a que tal vez me he abismado (como diría Borges) demasiado en la lectura de ciertos escritores, los del "no". En aquellos grandes autores que después de producir una o varias obras maestras, dejaron de escribir de la noche a la mañana y continuaron así hasta su muerte. O de otros que prometían ser grandes escritores (talento no les faltaba), y, sin embargo, nunca pudieron comenzar o acabar una obra. Los hubo también que esperaron eternamente a que les llegara la inspiración. 

En mi caso me di cuenta de que  escribir no es importante, más bien  todo lo contrario, pero después vi que no podía hacer otra cosa. Que jamás llegaría a ser un destacado ágrafo.

El solo hecho de pensar que mi actitud (irresponsable, por lo demás) les privaba de esas crónicas breves en las que relataba mis paseos nocturnos por el Café Society y el 3 Deuces y otros locales de los que les he hablado, tuvo la virtud de hacerme recapacitar. Así pues he tomado la decisión de no ser un barltebys, y proseguir con mi crónicas desde Manhattan.


Recuerdan que la vez pasada les hablé del Profesor Gaviota, del tipo que decía estar escribiendo la Historia Oral del Mundo Contemporáneo, el libro más largo jamás escrito, según cuenta Joseph Ferdinand Gould, que así se llama el autor.

Pues bien está noche, que casualidad, me he encontrado con Joseph Mitchell, el periodista que hace unos años escribió en el The New Yorker una semblanza del Profesor Gaviota. Joseph Mitchell me asegura tener pruebas de que Historia Oral del Mundo Contemporáneo no existe, que es un pretexto de Gould. Es más, me asegura que todo lo que ha escrito de esa Historia es un par de capítulo, uno de ello de forma reiterativa acerca de la muerte de su padre; escrito, me asegura, más de cien vece, y repartido en cuadernos por todos los tugurios de Manhattan donde Gould ha parado a beber, comer o dormir. Pero en todos ellos cuenta lo mismo y con idéntico título: Muerte del Dr. Clarke Storer Gould. Un capítulo de la Historia Oral de Joe Gould.


Joseph Mitchell me estuvo contando todo esto en el 3 Deuces, alrededor de una mesa y dos Bourbon con hielo, hasta que llegó Maxine. Luego estuvimos hablando de la marcha del país, de la reconstrucción de Europa, de España, de su régimen autoritario... En fin de todo un poco. 

Esta noche actúa una vieja conocida, Mary Lou Williams. Su interpretación de It Ain't Necessarily So es fantástica, como lo es también su Autumn in New York.


Después de Mary Lou, justo en el  mismo momento que llegó Maxime (la negra más resplandeciente de la Gran Manzana), comenzó la actuación de Artie Shaw y su orquesta con Begin the Beguine, de Cole Porter. Artie es un clarinetista de un enorme talento; nada que envidiar a Benny Goodman, otro de los grandes. 


Pedí a Sam un Martini para Maxine y otra ronda para Joseph y  para mi.

martes, 16 de octubre de 2012

Un gran tipo

Hoy vengo acompañado al 3 Deuces, el club en el que ahora he instalado mi cuartel general nocturno. Ya les dije hace cierto tiempo que el Café Society había cerrado. La culpa de todo ello la ha tenido esa persecución indiscriminada contra todo lo que pueda sonar o ser sospechoso de comunista. El comunismo es desde luego una total y absoluta tiranía. Mas no todos los intelectuales que trabajan en el mundo del cine o de la música ya sean cantantes, músicos actores, actrices, o escritores, como en mi caso, son comunistas. Para nada. La no comprensión de esto ha llevado a nuestro Gobierno a cometer grandes injusticias. Pero en fin, aquí estoy para reunirme con amigos, charlas y oír buen jazz.

Esta noche me he encontrado en la acera de la 52 vagabundeando, como siempre, al profesor Gaviota. ¿Qué quién es? Profesor Gaviota es el seudónimo por el que todo el mundo en Manhattan conoce a Joseph Ferdinand Gould, autor de la Historia Oral del Mundo Contemporáneo, el libro más largo jamás escrito, según nos cuenta Gould, y de lo que yo no tengo la menor duda. En una ocasión ya me mostró una buena parte de lo que llevaba escrito, en total, según me contó y pude ver, aunque no contar, alrededor de 10.000.000 de palabras. Gould es un tipo bastante raro, entre bohemio y vagabundo; más de esto último que de lo primero. Mientras le invito en el 3 Deuces a un Bourbon doble sin hielo, me cuenta que es amante de de las culturas  Chippewa's y Mandan's, y reportero del New York Evening Mail, algo que yo ya sabía.


En pago de los dos Bourbon dobles que se tomará, y a los que le he invitado, me obsequia con uno de sus  autorretratos. Ya veré dónde lo coloco, entretanto se lo muestro a ustedes. 

Esta noche actúa Ella Fitzgerald y mi viejo amigo Teddy Wilson. Juntos hacer una versión portentosa de Melancholy Baby.
Además del profesor Gaviota se sienta en mi mesa la mujer de Teddy Wilson, y yo por mi parte estoy esperando como cada día, impaciente, a Máxine. Gould apura su segundo Bourbon, se levanta de la mesa, me saluda afectuosamente y se marcha. La verdad es que es un gran tipo.

En este momento suena para mi All My Life. Ella y Teddy son adorables, la verdad. Entra Maxine; viene rutilante, enfundada en un llamativo vestido color malva en el que se marcan sus seductoras nalgas.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El cierre

Hace cuatro días me encontraba en California, exactamente en Los Ángeles, en el Astoria. El motivo era la firma de un contrato para escribir un guión cinematográfico. Y de paso quería ver a Natalie y, al menos, pasar un día con ella. Ahora Natalie vive con una joven modelo que está preparandose para dar el salto al cine. Es rubia, guapa y con un gran cuerpo. La última vez que vi a Natalie me dijo que era muy feliz.

Lo nuestro acabo casi sin comenzar. Era lógico, su trabajo requiere permanecer en Los Ángeles, y el mío no. De hecho mi trabajo puedo hacerlo en cualquier parte. Pero puestos a elegir, no cambio Manhattan por ningún otro lugar. Además, yo no encajo en el mundo de Natalie, sino de modo circunstancial.

De hecho no conozco a nadie en Hollywood si exceptuó a John, mi viejo amigo del instituto, a Natalie y su amante, al representante legal de la productora, y al director de la película muda -para la que escribí unos extraños diálogos-  y de la que les he hablado en alguna ocasión, y poco más. Por cierto que el film es un verdadero éxito. Se titula El silencio del galán y está interpretada por Natalie y un tal E.W., un imbécil.

Finalmente no pude ver a Natalie, tan solo logré hablar con ella por teléfono. Sin embargo al día siguiente de llegar a Los Ángeles me lleve una gran sorpresas. Al salir del Astoria para dirigirme a los estudios cinematográficos me tropecé con Edythe Wright. ¡Que casualidad, porque hacía apenas un año nos vimos en New York, en el Café Society!: "El lugar equivocado para la gente adecuada", como también es conocido.

Edythe fue la cantante de la orquesta de Tommy Dorsey hasta el 40 aproximadamente. Estuvo con ellos cinco años. Sin embargo algo pasó porque de la noche a la mañana Edythe fue despedida, o se marchó, y la sustituyó Anita Boyer.

Expliqué a Edythe el motivo de mi estancia en Los Ángeles, y como no tenía prisa, ninguna prisa, por llegar a los estudios, le propuse entrar en algún sitio para sentarnos y hablar.Estuvo encantada. Ella vive en Los Ángeles y tampoco tenía prisa. 


Me extrañó verla un año atrás en New York, cuando ella, como me acababa de comentar, vive en Los Ángeles. La explicación es sencilla, me dijo: "estoy preparando mi regreso a New York. Y en uno de los viajes que hice hablé con Barney para actuar un par de días en el Café Society, y fue cuando nos vimos".



Siempre tuve la curiosidad de saber cuál había sido el motivo real de su salida de la orquesta de Tommy Dorsey. No me atreví, sin embargo, a preguntárselo. Había pasado ya demasiado tiempo, y las heridas cuando menos se tocan mejor.



Sí hablamos del Café Society, bueno de la situación de Barney por el conflicto que su hermano tiene con el Comité de la Cámara de Actividades Antiamericanas. Eso le está haciendo mucho daño a su negocio, como ya me comentó en su momento. Las cosas no han hecho más que empeorar, expliqué a Edythe.


En cuanto a ella, me dijo que iba a trabajar con Sy Oliver, uno de los principales arreglistas del país y que es director musical de la  Decca, Ambos se habían conocido trabajando con Tommy Dorsey: "Oliver ha hecho cosas para Sinatra, Fitzgerald... Es un gran músico, y no ha dejado de pensar, según me ha comentado recientemente, en crear una orquesta y volver a coger la trompeta".

Recordamos juntos algunos momento de su paso por la orquesta de Dorsey, pero seguí sin preguntarle por los motivos de su salida. Le hablé de los éxitos de ella que más me habían gustado: God No Time, uno de sus últimos trabajos con Tommy; Qué decir de Youte acuerdas -ella rió-, o Eres una dulzura. Una de las que más me gusta, le dije, es You Don't Know How Much you Can Suffer, por no mencionar Having a Wonderful Time o  The music goes round and round.

Era ya tarde cuando nos despedimos en la puerta del café donde habíamos estado. Quedamos en vernos en New York, cuando estuviera definitivamente instalada. 

De regreso a casa no he podido sustraerme a la tentación de  volver anoche al Café Society aunque sabía desde esta mañana que el club está cerrado, como también el otro establecimiento, el Café Society Uptown. Me lo ha dicho Barney por teléfono. No me he enterado antes porque ha dado la jodida casualidad de que estaba en Los Ángeles, donde por fin firme el contrato para escribir el guión de una película basada en la novela Manhattan Transfer.

En fin, he quedado con Maxime aquí en la puerta del club para tomarnos unos bourbon en algún garito cercano.

¡Ah lo olvidaba! Vlady, la rubia explosiva a la que tanto he querido, y que tan buenos momentos hemos pasado juntos -¡qué mujer!- ha conocido a un tipo joven, serio, muy estirado, quiero decir educado y que según me dice Vlady, es un marchante de arte muy bueno.

Llega Maxine, tan deslumbrante como siempre; he de dejarles.

viernes, 3 de agosto de 2012

La mancha


Hace unos días cayó sobre mí una mancha. Una mancha difícil de borrar. Hay manchas en tu vida que caen sobre tu expediente militar, académico, familia o sobre tu trabajo artístico, literario... Hay manchas también en la conciencia, otras más llevaderas en el traje, el abrigo o el sombrero. Hay manchas en la piel y en la ropa interior. Las manchas son como puede verse algo extraordinariamente cotidiano, y, por eso apenas las prestamos atención, so pena de que uno padezca de misofobia.

Por lo demás, he de explicar que nunca me han importado las manchas que pudiera tener salvo las de conciencia. A todas las demás que me hayan podido poner o caer es necesario ahora sumar una más; una encargada de martirizar a uno de mis ojos.

El doctor Wilkinson, del que ya les he hablado, me ha dicho muy serio que eso no tiene fácil solución. Es necesario pasar por el quirófano. Y no es una intervención sencilla, me aclara,

Para quitarme toda posible esperanza de salvación, me dice que debo ir haciéndome a la idea de que probablemente pierda la vista del ojo afectado. A no ser, enfatiza, que me ponga de inmediato en manos de un especialista de ojos.

Sin quebranto de mi desánimo, Wilk me recomienda visitar a un oftalmólogo amigo suyo que trabaja en el Hospital Monte Sinai, aquí en Manhattan. Wil hablará hoy mismo con él para que me reciba de inmediato. De hecho en este momento me encuentro en el Cafe Society esperando a Wil.

Aquí la espera no se hace larga. Estoy entre amigos y buen bourbon, y esta noche tengo conmigo a Kay Starr, vieja amiga y maravillosa cantante. Hace una interpretación de You Were Only Foolong asombrosa, y una no menos sensacional versión de StormyWeather.

Le pido a Herni mi tercer boubon con hielo, y por el rabillo del ojo veo el contorneo de Maxine aproximándose a mi mesa. Su única mancha es haber conocido a un tipo como yo y haberse acostado con él. En lo más profundo de mi espero que esa mancha suya perdure por largo tiempo. Mi temor es serio y está acreditado. No se si les he dicho que Maxine es la propietaria de una lavandería, aquí en Manhattan.

jueves, 2 de agosto de 2012

La Guerra Fría alcanza al Cafe Society


Anoche al llegar al Café Society me encontré con una atmósfera extraña, cara de preocupación en Herni y Sam.

Cuando Herni me trajo mi bourbon a la mesa le pregunté qué ocurría: “Barney nos ha dicho que su hermano León ha sido llamado por el HUAC, y está muy preocupado por las repercusiones que eso está teniendo para él y que ya han comenzado a reflejarse en la prensa”.

Y quién narices es el HUAC, pregunté de nuevo a Herni: “El HUAC es el Comité de la Cámara de Actividades Antiamericanas. Barney podrá darte más detalle del asunto. Me ha dicho que le avise en cuanto llegarás”.

Mientras esperaba a Barney, me entretuve, como el resto del público, muy numeroso esta noche, en escuchar a Helen Forrest y su Takin 'A Chance on Love, de Vernon Duke. ¡Fantástica!.

Barney no tenía muy buen aspecto que digamos cuando le vi dirigirse a mi mesa. Se sentó y Sam le sirvió un martini

Barney Josephson y yo nos conocimos hace bastante tiempo en el Cotton Club de Harlem. Eso debió ser alrededor de 1931 ó 1932. Ambos éramos y somos unos grandes aficionados al jazz y a las big band . Barney fundo el Cafe Society en 1938, y desde entonces soy cliente suyo. Luego, dos años después creó el Café Society Uptown, que también frecuento con cierta asiduidad.

Según me cuenta resulta que su hermano León, abogado, quien además trabaja para la organización Defensa Internacional del Trabajo, se ha negado en rotundo a declarar ante la Cámara de Actividades Antiamericanas, y como resultado de ello ha sido encarcelado por desacato. Si esto ya es malo, me asegura, ahora la prensa dice que el Café Society es un refugio de comunistas.

¿Qué te parece? ¡Un refugio de comunistas!. Esto lo único que es un club en el que blancos y negros trabajamos juntos por la música. Y eso les molesta a medios conservadores y sus voceros, esos periodista republicanos y últraconservadores que ven comunistas en todas partes.

Barney estaba francamente alterado. Es cierto que el Cafe Society es un lugar frecuentado por la intelectualidad neoyorquina favorable a la integración de la sociedad segregada, y que se han hecho recolectas y actos políticos para tales fines. Ahora tachar al Café de lugar de reunión y financiación de actividades comunistas, eso era una vileza.

Barney estaba seguro que los ataques a su establecimiento eran una maniobra orquestada por Clare Soothe Luce y sus poderosos amigos en venganza por haber puesto a su establecimiento el nombre que ellos utilizaban - café society - para referirse a los habituales asistentes a los club más exclusivos de New York, como el Morocco, Stork Club y el Club 21. "El encarcelamiento de mi hermano ha sido la coartada perfecta", me aseguró.

Clare Soothe Luce, convencida de la necesidad de mantener la segregación racial es la mujer de Henry Luce, el furibundo anticomunista propietario de Time, Life y Fortune.

Así que Barney estaba seguro que a partir de ahora no tendría más que problemas. De hecho, me aseguró, ya había comenzado a notar cierta caída en los ingresos de su negocio, especialmente en el Café Society Uptown.

Hacia ya un buen rato que Natalie se nos había unido y escuchaba atentamente las explicaciones del dueño del Café Society. Herni la sirvió en martini, y en el escenario comenzaba a actuar una de las tres o cuatro cantantes que más aprecio por su calidad interpretativa, y por su belleza. Ella es Edythe Wrigh,

Comenzó con The Lady is a Tramp y Destello de Estrella, y antes de continuar se acercó a la mesa donde estábamos Barney, Natalie y yo para saludarnos. La dije que no se olvidara de cantar You Don't Know How Much You Can Suffer si no me enfadaría con ella. Me sonrió y acercándoseme me susurro algunas frases al oído que no voy a revelar. Luego me dió un fugaz beso en la boca y se dirigió al escenario contorneando sus espléndidas y deseables caderas. Natalie ni se inmutó, sabía que esa noche me tendría para ella sola.

Después de enterarme de todo esto supuse que las cosas no le marcharían bien a Barney, y a mi tampoco, claro. Yo no compartó ni una sola idea de los bárbaros comunistas, pero tampoco estoy dispuesto a renunciar a relacionarme con quien me apetezca libremente, como he hecho hasta ahora. 

Todo hace presagiar que la Guerra Fría, con tintes racistas, ha alcanzado al Café Society.

lunes, 28 de mayo de 2012

I'll Never Smile Again


Si les dijese que soy un tipo triste, desde luego les estaría engañando: ni el mal bourbon es capaz de entristecerme. Una de las razones, no la única ni la más importante, por la que soy cliente asiduo del Café Society es porque el alcohol que sirven es de primerísima calidad. La música, el ambiente, las reuniones con los amigos y el trato que recibo de Barney, el dueño, y de Herni o de Sam, los camareros, son las razones de peso que me traen hasta aquí cada noche.

Pero bueno, a lo que iba. Les estaba diciendo que en mi caso la tristeza no es una de esas raras emociones que a veces invaden al ser humano, y que a mi, por las causas que sean, no se molesta en acercarse. Quizá todo ello se deba a la existencia de una subespecie de ser humano, desconocida o rara, y a la que yo pertenezca. Todo es posible.

Se preguntarán a qué viene todo esto. Y con razón. Verán, anoche llegué al Café Society como de costumbre a eso de la medianoche, tal vez un poco antes. Había quedado a partir de las doce con Vlady, esa rubia escultural y de mirada abrasadora de la que ya les he hablado en alguna otra ocasión.

Para que no piensen que Vlady es solo y exclusivamente un bello objeto del que me valgo egoistamente, les diré que sin que esto sea del todo incierto -todos nos valemos de los demás de una u otra forma-, Vlady es una mujer que de mi tan solo necesita alguno de mis muchos vicios. Esta mujer de físico extraordinario es además una magnífica fotógrafo. No hay un solo rincón en todo Manhattan que haya quedado libre del objetivo de su cámara. Y es difícil encontrar una publicación en la que no haya aparecido alguno de sus trabajos. También escribe sobre fotografía y expone en las principales salas de la ciudad. Si no fuera por un par de detalles que me avalan, y acerca de los cuales prefiero guardar silencio, yo sería un estorbo para esta mujer.

Cuando Vlady entró en el Café Society estaba hablando en mi mesa con Tommy Dorsey, amigo y soberbio trombonista, que esta noche actúa con su orquesta. Hablábamos de Ruth Lowe, a la que Vlady y yo habíamos conocido no hacía demasiado tiempo. Todo surgió a raíz del gran éxito que Tommy había cosechado con la canción en mi bemol mayor I'll Never Smile Again que Ruth compuso a finales del 39. La letra habla de la tragedia por la que Ruth había pasado:

No volveré a sonreír nunca
hasta que sonría contigo
no volveré a reír nunca.

¿Qué bien me haría?

Mis ojos se llenarían de lágrimas
mi corazón se daría cuenta
de que nuestro romance se terminó.

No volveré a reír nunca
estoy tan enamorada de ti
nunca me emocionaré otra vez
con alguien nuevo.

Dentro de mi corazón
sé que nunca volveré
a sonreír otra vez
hasta que sonría contigo.

Ruth estaba emparejada con un tipo de Chicago, un publicista musical. Se llamaba creo, Harold Cohen. Un año después de casarse Harol murió a consecuencia de una intervención quirúrgica de riñón. Eso destrozó a Ruth.

Cuando Tommy Dorsey y su orquesta atacaron los primeros compases de I'll Never Smile Again (Si, Re, Do, Mi, Fa, Fa, Fa, Fa, Sol, Fa, Mi, Sol), una sensación extraña me invadió. Aquello era nuevo para mi. Nunca había sentido algo similar. Vlady lo noto y me pregunto qué me pasaba. Intenté explicárselo lo mejor que pude. Pero no hizo falta, Vlady es una mujer demasiado inteligente: “Eso se llama melancolía. ¿Entiendes lo que te digo? Yo no contesté. No sabía que decir. Pedí un Bourbon doble con hielo a Herni y mientras esperaba su llegada agarré a Vlady por la cintura y la atraje fuertemente hacía mi buscando la brisa cálida de su aliento. Anoche deje de creer en raras subespecies y en mi presunción.