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miércoles, 11 de marzo de 2015

The Naked City

El miércoles de la semana pasada fui al estreno del film The Naked City. Un par de días antes me había llamado por teléfono Arthur H. Fellig para invitarme al acto. Naturalmente le dije que sí. Sobre todo porque hacía bastante tiempo que no nos veíamos. Weegee -su apodo. y por el que le conoce todo el mundo- se había traslado a  Hollywood donde trabaja como técnico y asesor especial para la Universal. 

Fui  a buscarle a la redacción del New York Herald Tribune, en el que había colaborado en el pasado, y donde posee buenos amigos.

Mientras nos dirigíamos al estreno, Weegee me contó que Naked City fue su primer libro de fotografías (colección de imágenes de la vida en la ciudad de New York),  y eran los derechos de ese título los que había vendido al productor Mark Hellinger para una película de Universal: «Como puedes observar me dijo todo se queda en Universal»

La verdad es que ambos disfrutamos enormemente con el film. Todo nos era familiar. Daba la impresión de que nosotros éramos una de las escena: nos veíamos paseando por esas calles, esas plazas, parques, entrando y saliendo a los edificios, cafés, clubes. Era como estar sentado en casa viendo pasar la ciudad a través de nuestras ventanas. Aquello era nuestra ciudad, nuestros asesinos, nuestra felicidad, también las penas y los sufrimientos, el amor, cómo no, las alegrías... En fin, nuestro mundo. 

Cuando salimos, invité a Weegee a pasarnos por el 3 Deùces a tomar un par de copas y a esperar a Vlady. La mujer con la que estoy ahora, desde que perdí a Maxine, de imborrable recuerdo: aun conservo en mi memoria el aroma de su cuerpo, de la brisa de su aliento, de sus pechos, de su vientre; el espeso e intenso sabor de su entrepierna, de su culo, de... toda ella. Ahora busco todo eso en Vlady, el que fue mi gran amor en el pasado, y que quizá lo vuelva a ser en un futuro. Aunque en estos tiempos, es mejor no hablar del mañana. 

Esta noche, en el 3 Deùces actua un quinteto de buenos amigos: Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Teddy Wilson, Billy Taylor, y Cozy Col. Interpetan I'm In The Mood ForLove, siguen y siguen; después interpretaron 'S Wonderful. Para acabar, Coleman nos sorprendió a todos con Picasso, su recien y última grabación. ¡Asombrosa!.

Cuando Vlady entró en el 3 Deùces, todas las miradas se concentraron en su espléndida figura embutida en un escotado y ceñido vestido plateado; las medias de largas costuras que se insinuaban por encima de las rodillas producían vértigo, y más de una erección, no se si voluntaria o involuntaria. Me es indiferente, porque en realidad solo me importa la mía. Le presenté a Weegee y nos quedamos charlando animadamente de su nueva ocupación en  Hollywood, y recordando los viejos tiempos de su deambular permanente por las calles de New York a altas horas de la noche en busca de esa imagen que nadie, nada más que él, lograría para la posteridad. Más tarde se unieron a nosotros Teddy, Coleman, Cozy... y seguimos en el club hasta altas horas de la noche. Lo cierto es que dimos bastante trabajo a Herni, el barman. 

Vlady y yo dejamos a Weegee en un taxi en dirección a su hotel ( partía en unas horas hacía Los Ángeles) y nosotros, dando algún que otro bandazo, nos fuimos a casa. El bourbon nos había dejado algo confusos, a pesar de lo cual los dos estábamos deseando llegar a casa. Sabía que esa noche comenzaríamos a desnudarnos en el ascensor. Ella siempre lo hace por la ropa interior.






martes, 16 de octubre de 2012

Un gran tipo

Hoy vengo acompañado al 3 Deuces, el club en el que ahora he instalado mi cuartel general nocturno. Ya les dije hace cierto tiempo que el Café Society había cerrado. La culpa de todo ello la ha tenido esa persecución indiscriminada contra todo lo que pueda sonar o ser sospechoso de comunista. El comunismo es desde luego una total y absoluta tiranía. Mas no todos los intelectuales que trabajan en el mundo del cine o de la música ya sean cantantes, músicos actores, actrices, o escritores, como en mi caso, son comunistas. Para nada. La no comprensión de esto ha llevado a nuestro Gobierno a cometer grandes injusticias. Pero en fin, aquí estoy para reunirme con amigos, charlas y oír buen jazz.

Esta noche me he encontrado en la acera de la 52 vagabundeando, como siempre, al profesor Gaviota. ¿Qué quién es? Profesor Gaviota es el seudónimo por el que todo el mundo en Manhattan conoce a Joseph Ferdinand Gould, autor de la Historia Oral del Mundo Contemporáneo, el libro más largo jamás escrito, según nos cuenta Gould, y de lo que yo no tengo la menor duda. En una ocasión ya me mostró una buena parte de lo que llevaba escrito, en total, según me contó y pude ver, aunque no contar, alrededor de 10.000.000 de palabras. Gould es un tipo bastante raro, entre bohemio y vagabundo; más de esto último que de lo primero. Mientras le invito en el 3 Deuces a un Bourbon doble sin hielo, me cuenta que es amante de de las culturas  Chippewa's y Mandan's, y reportero del New York Evening Mail, algo que yo ya sabía.


En pago de los dos Bourbon dobles que se tomará, y a los que le he invitado, me obsequia con uno de sus  autorretratos. Ya veré dónde lo coloco, entretanto se lo muestro a ustedes. 

Esta noche actúa Ella Fitzgerald y mi viejo amigo Teddy Wilson. Juntos hacer una versión portentosa de Melancholy Baby.
Además del profesor Gaviota se sienta en mi mesa la mujer de Teddy Wilson, y yo por mi parte estoy esperando como cada día, impaciente, a Máxine. Gould apura su segundo Bourbon, se levanta de la mesa, me saluda afectuosamente y se marcha. La verdad es que es un gran tipo.

En este momento suena para mi All My Life. Ella y Teddy son adorables, la verdad. Entra Maxine; viene rutilante, enfundada en un llamativo vestido color malva en el que se marcan sus seductoras nalgas.

lunes, 19 de marzo de 2012

Masa corporal de 27


Anoche invité a Maxine, la dueña de la lavandería a la que llevo mi ropa para lavar y planchar con menos frecuencia de lo debido, al Café Society. Se lo había prometido, y no fue para cumplir y ser amable con ella. Nunca he dejado de cumplir mis compromisos, y menos que con nadie, con las mujeres. Sin ninguna pretensión exagerativa, esta propietaria de lavandería es la negra más impresionante, deslumbrante y con mejor cuerpo de todo Manhattan. Tiene alrededor de 40 años, mide 1,60 y su masa corporal debe andar por los 27. Para soñar. El ex marido, que la abandonó dejándola embarazada y llevándose todo lo que pudo y más, además de canalla era un majadero.


Maxine y yo hemos tenido suerte, porque esta noche en el Café Society está mis viejos amigos Lester Young y Teddy Wilson con su cuarteto. Cuando entramos en el Café comenzaba a sonar All of me. A mis amigos y conocidos suelo decirles siempre que si no han llevado nunca a su chica a oírlos tocar, en tal caso no deben estrañarse si un día les abandonan para irse con otro.

Hice una seña a Herni para que trajera un martini a Maxine y lo de siempre para mi. Sonriendo me hizo una leve seña de aprobación por la hermosura que me acompañaba esta noche. Comenzaba a sonar Prisioner of love y Maxime se acurrucó junto a mi. Fue entonces cuando sentí la brisa cálida de su aliento en mi rostro.

Tarde nos fuimos juntos a la cama, y esta mañana cuando desperté Maxine ya se había marchado; ella madruga para abrir la lavandería. En un primer momento me sobresalté al no verla junto a mi. Después me tranquilice al acordarme que se había tenido que ir muy pronto, y al comprobar, ya por costumbre o instinto, que Maxine no me había abandonado y sacado de su vida: debajo de la cama no encontré nada, ninguna prenda olvidada a propósito para dejarme un recuerdo por su adiós.

Supuse que Maxine no me haría algo semejante. Ella es la única persona que sabe tanto como yo de mi vida sexual. El FBI debería utilizar más las lavanderías de este país en sus investigaciones si quiere que no se queden tantos crímenes sin resolver.



domingo, 4 de marzo de 2012

Dónde y Cuándo


El otro día, ya tarde, Herni, el camarero del Café Society, me dijo que le había oído decir al jefe que el siguiente sábado, es decir ayer, vendría a tocar Teddy Wilson; un gran tipo este Teddy, amigo de Bobby Henderson y Lady Day. 

Después de darme la noticia, Herni me dejó mi bourbon con hielo, tres cubitos, en la mesa. Hubo un momento en que estuve a punto de pedirle que no me echara el hielo, pero lo dejé. Creo que no estaba preparado para prescindir de ese ritual, pero sobre todo, para lo que no estaba preparado era para dejar de escuchar el tintineo que produce el hielo al chocar contra el vidrio cuando inclinas el vaso para llevártelo a los labios, o cuando lo mueves rítmicamente para lograr una mejor envoltura. Así que decididamente dejé de hacer caso a lo que había leído hacía unos días en un número atrasado del Chicago Sun-Times. El rotativo decía que después de analizar por su cuenta el hielo de alrededor de 49 diferentes restaurantes y bares habían comprobado que algo más de una de cada cinco muestras tenía contenidos muy altos de unas bacterias que se se crían y desarrollan en aguas contaminadas con sustancias fecales y orina.

Dice el rotativo que luego hicieron una comparación de las muestras de hielo con el agua tomada del inodoro de un retrete del periódico y resultó estar "más limpia" que los hielos de veintiuno de los bares y restaurantes de Chicago. No quise preguntarle a Herni cómo mierda hacían el hielo o de dónde salía el que me había puesto. Lentamente fui paladeando mi bourbon, no sin cierta desconfianza.

No se si ya lo saben, pero de viernes a domingo, todo el que quiera pude verme en el Café Society. El resto de la semana lo suelo pasar en la cama, y si no es para cobijar a una señora estupenda, no estoy visible para nadie. Les digo esto porque este sábado estaba, como casi todos sin excepción, en el Café esperando la actuación de Teddy. Conmigo, sentados cerca del escenario, se encontraban Bobby y Eleanora. 

La primera canción en sonar ha sido una de las más cautivadoras que se puedan imaginar: Tea for Two. Fantástica, la pieza y la interpretación del trío de Benny Goodman en el que está Teddy y Gene Krupa a la batería. A Té para Dos le siguió Where or When, melodía imperecedera allí donde las haya. Bueno en realidad como Té para Dos; si una logra que mis pies no puedan estarse quietos, Dónde y Cuándo, me sumerge en una dulce melancolía que es lo más parecido a un duermevela donde lo que te rodea deja por un tiempo de existir. El codazo de Billie me devolvió a la realidad. 

Pedí a Herni tres boubon bien largos con soda para Lady y Henderson y con tres cubitos de hielo, salidos de alguna cloaca, para mi. Por un instante, una fracción de segundo, pensé que si no me mataba el güisqui quizá lo haría el maldito hielo: ¿dónde y cuándo?  ¡Vaya uno a saber! Con el cuarto bourbon ya me había olvidado de esa podredumbre congelada que flotaba hinchado en mi vaso.