Esta noche en el 3 Deuces actuan dos viejo amigos: Count Basie, con su big band, y el cantante James Andrew Rushing, un tipo éste enorme y voluminoso. Rushing tiene una versión, interpretada esta noche, de I Left my baby, que...por decirlo de un modo sencillo, es inimitable, como inimitables es el Dickie's Dream de la banda. Ha sido fantástico, además hace un rato también se ha pasado por aquí Billie. Estaba especialmente hermosa. No dejaba de seguir el ritmo con todo su cuerpo y hablar con Basie. ¡Que mujer! Luego vino a la mesa donde estábamos Maxine (que disfrutaba de lo lindo) y yo. Estuvimos bebiendo unos güisquis hasta que nos entonamos bien. Estuvimos hablando, no recuerdo de qué, pero fue durante bastante tiempo.
Tarde ya, Maxine, Billie y yo nos fuimos al Savoy. Yo había quedado con Moe Gale, el propietario, en pasarme una de estas noches por el local. Quería hablar conmigo, me dijo , para proponerme algo: un guión para no se qué aventura de las suyas. Y hoy que además de estar espléndidamente acompañado, me encuentro algo bastante alegre y animoso, he decidido pasarme por el local. Por otro lado, Bassie me ha comentado que ahora está por ahí actuando Benny Goodman y Paggy Lee. Cuando entramos sonaba Why Don't You Right interpretado por Peggy. Billie comentó que la Lee era muy buena. Y si lo es.
Otro día les contaré mi reunión con Moe. Ahora estoy demasiado espeso y, además, Maxine me está tirando de la manga de la camisa. Tiene prisa por llevarme a la cama...
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lunes, 14 de octubre de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
Un ágrafo frustrado
Si me preguntan por mi larga ausencia de estas crónicas desde Manhattan, podría contarles alguna larga historia; mejor o peor hilvanada aventura de mujeres, sexo, alcohol... Esta ausencia -podría incluso decirles - se ha debido a un largo viaje por Europa (Roma, París, Madrid, Londres...) en compañía de Maxine para presentar mi último libro (La paz que nos trastornó) y dar varias conferencias. Pero nada de todo esto ha ocurrido. El motivo real ha sido mi inapetencia por escribir.Durante todo este tiempo, no obstante, he permanecido fiel a mi condición de noctámbulo, y no he dejado ni una sola noche de acudir a mi cita con el 3 Deuces.
Tengo que confesarles que esa inapetencia por escribir quizá se haya debido a que tal vez me he abismado (como diría Borges) demasiado en la lectura de ciertos escritores, los del "no". En aquellos grandes autores que después de producir una o varias obras maestras, dejaron de escribir de la noche a la mañana y continuaron así hasta su muerte. O de otros que prometían ser grandes escritores (talento no les faltaba), y, sin embargo, nunca pudieron comenzar o acabar una obra. Los hubo también que esperaron eternamente a que les llegara la inspiración.
En mi caso me di cuenta de que escribir no es importante, más bien todo lo contrario, pero después vi que no podía hacer otra cosa. Que jamás llegaría a ser un destacado ágrafo.
El solo hecho de pensar que mi actitud (irresponsable, por lo demás) les privaba de esas crónicas breves en las que relataba mis paseos nocturnos por el Café Society y el 3 Deuces y otros locales de los que les he hablado, tuvo la virtud de hacerme recapacitar. Así pues he tomado la decisión de no ser un barltebys, y proseguir con mi crónicas desde Manhattan.
Recuerdan que la vez pasada les hablé del Profesor Gaviota, del tipo que decía estar escribiendo la Historia Oral del Mundo Contemporáneo, el libro más largo jamás escrito, según cuenta Joseph Ferdinand Gould, que así se llama el autor.
Pues bien está noche, que casualidad, me he encontrado con Joseph Mitchell, el periodista que hace unos años escribió en el The New Yorker una semblanza del Profesor Gaviota. Joseph Mitchell me asegura tener pruebas de que Historia Oral del Mundo Contemporáneo no existe, que es un pretexto de Gould. Es más, me asegura que todo lo que ha escrito de esa Historia es un par de capítulo, uno de ello de forma reiterativa acerca de la muerte de su padre; escrito, me asegura, más de cien vece, y repartido en cuadernos por todos los tugurios de Manhattan donde Gould ha parado a beber, comer o dormir. Pero en todos ellos cuenta lo mismo y con idéntico título: Muerte del Dr. Clarke Storer Gould. Un capítulo de la Historia Oral de Joe Gould.
Joseph Mitchell me estuvo contando todo esto en el 3 Deuces, alrededor de una mesa y dos Bourbon con hielo, hasta que llegó Maxine. Luego estuvimos hablando de la marcha del país, de la reconstrucción de Europa, de España, de su régimen autoritario... En fin de todo un poco.
Esta noche actúa una vieja conocida, Mary Lou Williams. Su interpretación de It Ain't Necessarily So es fantástica, como lo es también su Autumn in New York.
Después de Mary Lou, justo en el mismo momento que llegó Maxime (la negra más resplandeciente de la Gran Manzana), comenzó la actuación de Artie Shaw y su orquesta con Begin the Beguine, de Cole Porter. Artie es un clarinetista de un enorme talento; nada que envidiar a Benny Goodman, otro de los grandes.
Pedí a Sam un Martini para Maxine y otra ronda para Joseph y para mi.
domingo, 4 de marzo de 2012
Dónde y Cuándo
El otro día, ya tarde, Herni, el camarero del Café Society, me dijo que le había oído decir al jefe que el siguiente sábado, es decir ayer, vendría a tocar Teddy Wilson; un gran tipo este Teddy, amigo de Bobby Henderson y Lady Day.
Después de darme la noticia, Herni me dejó mi bourbon con hielo, tres cubitos, en la mesa. Hubo un momento en que estuve a punto de pedirle que no me echara el hielo, pero lo dejé. Creo que no estaba preparado para prescindir de ese ritual, pero sobre todo, para lo que no estaba preparado era para dejar de escuchar el tintineo que produce el hielo al chocar contra el vidrio cuando inclinas el vaso para llevártelo a los labios, o cuando lo mueves rítmicamente para lograr una mejor envoltura. Así que decididamente dejé de hacer caso a lo que había leído hacía unos días en un número atrasado del Chicago Sun-Times. El rotativo decía que después de analizar por su cuenta el hielo de alrededor de 49 diferentes restaurantes y bares habían comprobado que algo más de una de cada cinco muestras tenía contenidos muy altos de unas bacterias que se se crían y desarrollan en aguas contaminadas con sustancias fecales y orina.
Dice el rotativo que luego hicieron una comparación de las muestras de hielo con el agua tomada del inodoro de un retrete del periódico y resultó estar "más limpia" que los hielos de veintiuno de los bares y restaurantes de Chicago. No quise preguntarle a Herni cómo mierda hacían el hielo o de dónde salía el que me había puesto. Lentamente fui paladeando mi bourbon, no sin cierta desconfianza.
No se si ya lo saben, pero de viernes a domingo, todo el que quiera pude verme en el Café Society. El resto de la semana lo suelo pasar en la cama, y si no es para cobijar a una señora estupenda, no estoy visible para nadie. Les digo esto porque este sábado estaba, como casi todos sin excepción, en el Café esperando la actuación de Teddy. Conmigo, sentados cerca del escenario, se encontraban Bobby y Eleanora.
La primera canción en sonar ha sido una de las más cautivadoras que se puedan imaginar: Tea for Two. Fantástica, la pieza y la interpretación del trío de Benny Goodman en el que está Teddy y Gene Krupa a la batería. A Té para Dos le siguió Where or When, melodía imperecedera allí donde las haya. Bueno en realidad como Té para Dos; si una logra que mis pies no puedan estarse quietos, Dónde y Cuándo, me sumerge en una dulce melancolía que es lo más parecido a un duermevela donde lo que te rodea deja por un tiempo de existir. El codazo de Billie me devolvió a la realidad.
Pedí a Herni tres boubon bien largos con soda para Lady y Henderson y con tres cubitos de hielo, salidos de alguna cloaca, para mi. Por un instante, una fracción de segundo, pensé que si no me mataba el güisqui quizá lo haría el maldito hielo: ¿dónde y cuándo? ¡Vaya uno a saber! Con el cuarto bourbon ya me había olvidado de esa podredumbre congelada que flotaba hinchado en mi vaso.
Pedí a Herni tres boubon bien largos con soda para Lady y Henderson y con tres cubitos de hielo, salidos de alguna cloaca, para mi. Por un instante, una fracción de segundo, pensé que si no me mataba el güisqui quizá lo haría el maldito hielo: ¿dónde y cuándo? ¡Vaya uno a saber! Con el cuarto bourbon ya me había olvidado de esa podredumbre congelada que flotaba hinchado en mi vaso.
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